Se murió el que me devolvió la fe en la política, aquella noche en que se derogaron la obediencia debida y el punto final.
Esta mañana cuando venía hacia acá, vi en el frente del ferrocarril San Martín, un lienzo negro atravesado, a modo de luto. Todo un tren de luto. Entre los pasajeros venían señoras humildes, con humildes ramitos de flores y la tristeza pintada en la cara.
